viernes, 1 de febrero de 2008

TRAYECTO LARGO

Estaba subida en un tren de ida a la nada, ni siquiera tenia el billete de vuelta, no sabía donde iba, ni cuando iba a parar, algunos decían que iba al paraíso, otros que cuando se abrieran sus puertas estariamos en el mismo andén, en la misma estación, algunos no se atrebían a hablar de eso por miedo.
Por un momento quise echarme atrás, la voz de mi remordimiento me rezaba como si fuera un dios que dejara de andar i reculara.
Tapándome los oidos para no oírle, me senté en un asiento sucio y grasiento, con un estampado que no definía muy bien de que color era. Los rostros de la gente que me rodeaba no parecían cansados, todos tenían cosas en las que pensar durante el trayecto. Sin embargo yo sí estaba cansada. Recordaba como me había marchado de casa. No me despedí de nadie, tampoco deje un papel dando mis explicaciones.
Cerré los ojos deseando dormirme, pero no pude, lo intenté con todas mis fuerzas, en mi cabeza bailaban los recuerdos más bonitos que tube.
El tiempo no pasaba para mí ahí adentro. Encima de uno de los asientos había un reloj, en la esfera podía ver reflejada la hora, que parecía parada des de que entré.
Me pregunté si se había parado el mundo y se había olvidado de mí, pues la gente que había a mi alrededor no mostraba ninguna emoción, era como si les hubieran arrancado el alma y se hubiera quedado su cuerpo sentado entre la vida y la muerte.
Cogí mantas que guardaba en mi bolsa y me acomodé.
Debajo las sábanas heladas, pude oír la risa de la solitud, recordandome que me estaba ganando la partida.



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